Después de tanta planificación y espera, llegó el día: el primer encuentro con los glaciares en la Navegación hasta el Glaciar Spegazzini.
Sabíamos que el embarque era a las 9.30 hs. pero decidimos ir bien temprano para poder elegir en qué lugar iríamos. Salimos a las 8.00 hs. con mucho abrigo y las provisiones para todo el día. Fuimos los primeros en llegar, así que empezamos la fila, tomamos unos mates mientras el resto empezaba a llegar: Si bien el embarcado es techado, como las paredes sólo son un treillage la ventolera pasaba igual Pagamos la tasa de Paruqes Nacionales y, a la hora señalada empezó el embarque. osotros fuimos abajo y adelante de todo, en los asientos centrales ( son 4) y Adriana con Maribel a la derecha contra los vidrios y Américo detrás de ellas.
Esperando, los chicos se pusieron a jugar a la payana....
La verdad es que el catamarán es muy cómodo, pero como hacía mucho frío los vidrios se empezaron a empañar, así que había que animarse a salir para ver el paisaje. Esperamos hasta que se empezaron a ver los primeros icebers. Y, la verdad es que son una maravilla....
Ni hablar que a medida que nos acercábamos a lo mejor, el tiempo estaba cada vez peor... se largo primero a lloviznar y luego a llover... Pero, eso no impidió que a pesar de la mojadura fue una de las mejores experiencias de nuestras vidas.
Lo más divertido fue cuando dos chicos del catamarán, pescaron un pequeño iceberg y con paciencia lo izaron.
Como a las 16.30 hs. volvimos a Puerto Bandera, desde dónde regresamos felices de la experiencia.
Después de dar unas pequeñas vueltas, llegamos a la Estancia que está casi en el centro de la Ciudad. Fue una de las primeras y es por eso que quedó aislada de la costa sobre el Lago Argentino, porque tuvieron que vender tierras para la planta potabilizadora de agua, el basural y otros edificios.
Cuando llegamos, ya brillaba el sol y había brasitas en el fogón. Nos empezaron a contar la historia del lugar, mientras nos convidaban con tortas fritas y mate.
Después vimos como los perros arrean las ovejas, y mientras un grupo de brasileñosle daban una mamadera aun ternero y a un corderito, empezaron a preparar un café cerretero, es decir como lo preparaban los que llevaban la lana desde las estancias de la cordillera hasta los puertos de la Patagonia. Preparaban el café en un cacharro, y tomaban una brasa que la pasaban por azúcar, lo que la caramelizaba y la agregaban al café para que decantara. El saber, exquisito.
Después, fuimos caminando hasta los corrales y hasta un pequeño galpón donde nos mostraron como se esquilaba a tijera.
Después de comprobar como salí el vellón entero, seguimos caminando hasta un deck en el que nos esperaba una degustación de vinos y cordero caramelizado a orillas del arroyo Calafate. Un lugar muy bonito...
Después nos mostraron el invernadero, al que se le había volado el plástico y lo habían puesto unos días antes... muy bonita. Y las primeras edificaciones de la estancia, entre las que había un boliche.
Por último, nos dirigimos hasta el salón dónde se serviría la cena. Entrada de empanada, video con la historia de la estancia, mesa de ensaladas y cordero a discreción. A los postres, llegó el show folklórico, breve y ameno.
Cerca de las 22.30 hs. la combi estaba preparada para llevarnos de vuelta al alojamiento.....


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